veredas



era la hora de la silla

con ruedas desechadas en la puerta del niño útil

y su sofá pulido por las veredas anchas



la hora de la casa sin ventanas anticipadas

con ductos por donde espiarle los olores

a los viejos muertos de cercanías



era la del sinnúmero de la bestia y del

calculado trillo su pasarela:



de la cama al living del living al peldaño del peldaño al camarero

y siempre hubo un estrado donde culparse de otros en

ese vidrio



o en el abandono de intuir la presa por la carne

al dejarse morir de viajes sin decir su nombre

cuando los plátanos y la hojarasca  


pesan


más que un vuelo de invierno en madrugada







7 comentarios:

Noelia Palma dijo...

siempre te lo digo Emiliano...
alucino, así, sin más!

la chica de las biscotelas dijo...

gracias!

Susan Urich dijo...

"o dejarse morir de viajes sin decir su nombre"

Qué pedazo de verso es, sí señor, este verso. Un abrazo, Emiliano.

camino roque dijo...

rompes el diccionario en trocitos de papel
para más tarde, en la hora de la silla, crear maravillosos puzzles

noe dijo...

...sin el abandono de intuir la presa por la carne...

No sé qué decirte Emiliano, salvo que me duelen tus versos... hoy, ayer y probablemente mañana... esta noche sobre todo, hoy a mí también me pesa volar.

Mayte Piera dijo...

También a mí hoy me duelen..
Un abrazo

tina dijo...

lo uqe tú escribes, te deja un rato perplejo ante tus letras, buscando miles de interpretaciones, con cada palabra se abre un nuevo horizonte...es flipante, un besazo
¡

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